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– PERDONA BONIT@, TÚ ¿INTEGRAS O DESPIDES?

kirchner-escena callejera berlinesaGerardo González
Director RRHH Axel Springer

Hace ya algún tiempo que mi buen amigo Alberto me invitó a compartir opinión a través de este medio sobre algún tema de actualidad en nuestra profesión. Mentiría a un amigo y eso esta muy feo, si no le reconociese ahora que sólo su tenacidad al recordármelo me ha sacudido del letargo que me provoca la idea de teorizar y/o institucionalizar cualquier recomendación, comentario o práctica ya sea buena o mala, en la cada vez mayor certeza que uno va teniendo con el paso del tiempo, de que para nosotros, aquellos que trabajamos con y para las personas, no hay fórmula, por científica que parezca, que sea… “ceteris paribus” trasladable de un entorno a otro, de una realidad a otra, sin correr algún que otro riesgo, riesgos que medidos desde la bonanza económica son asumidos sin pestañear por la mayoría de nuestros empresarios, consejos, directores y colegas de despacho, industria o servicio, pero que, ¡ay de ti! si esos mismos riesgos se plantean en una situación como la actual.

Tal vez sea por todo ello por lo que siempre admiré y respeté a todos esos colegas que tan brillantemente fueron y son capaces de llenar auditorios, páginas e incluso escenarios, teorizando sobre lo debido y lo indebido a la hora de conseguir éxito en esto de la gestión de personas. Pero, sin ningún género de duda, mi mayor admiración hacia todos aquellos otros que, deseosos de hacer prácticos todos los conocimientos adquiridos y en el sagrado nombre de la búsqueda de la excelencia, son capaces de implementar técnicas, terapias, perspectivas, conductores críticos , cambios culturales e incluso programas altamente meditados y mayormente sofisticados, mediante los cuáles conseguir el mejor y más completo desarrollo de sus elementos productivos y que una vez implantados, con idéntica liturgia a la de si de un descubrimiento científico se tratase, muestran al resto del mundo sus óptimos resultados por ganar posiciones en la competición por atraer y retener talento :“ hemos parametrizado, consultado, priorizado, gestionado, desarrollado, involucrado, activado y un sinfín de vaguedades alineadas oportunamente de forma que, combinadas adecuadamente en cada una de las frases que utilizan dan como resultado una compleja frase sin apenas significado concreto pero mayoritariamente aceptada como bálsamo “cura todo” con el que dar la brasa a nuestros contertulios a la primera oportunidad que se nos presenta.

El caso es que llevo en esto… ya va para 25 años, y aún así, soy consciente de lo mucho que todavía me queda por aprender. Algo de pudor me da reconocerlo, pero no deja de ser cierto por ello. Si algo aprendí con los años y con la calidad de las experiencias vividas es que la gestión de personas es (n=1) y la gestión de las personas en las empresas es (n=1 elevado a infinito), “este pan para este queso y este queso para este pan”… decía un muy admirado profesor que tuve, tratando de convencernos de lo insensato que era buscar reglas aplicables a todo, a todos y en todo caso. Sólo el desafío permanece, el tiempo y la complejidad no son nuestros adversarios.

Al frente de la gestión de recursos humanos, del talento, de las personas, del conocimiento, del desarrollo, de la organización, o como diablos quieran ustedes llamarlo, admitiendo incluso “palabros” de difícil pronunciación importados allende de los mares, deberán estar sólo aquellas personas capaces de comprometerse desde el inicio de la actuación, los “payasos de la tele” comenzaban el espectáculo con un sonoro ¿Cómo están ustedes? , estaban midiendo el clima, el tono, el sentir de su público antes de actuar, provocaban una y otra vez el entusiasmo, porque sabían que tan solo con el entusiasmo de sus espectadores podía tener éxito la función, el show era arriesgado , no obedecía a cánones , obedecía a un objetivo, en este caso tan generoso como el de hacernos sonreír.

En mi particular historia, primero fueron “los veteranos” aquellos aguerridos jefes de personal “nacíos pa pelear” curtidos en la cultura de “todo el mundo es malo y las cosas sólo funcionan con la zanahoria y el palo” eran tiempos de sentarse durante largas jornadas alrededor de una mesa y discutir incansablemente sobre derechos y obligaciones, era tiempo de crear y construir futuro, era tiempo de cigarrillos y exabruptos , eran tiempos de aplicar con metódica disposición y muy poca convicción procesos de selección científica basados en las mismas pruebas psicotécnicas que según la “leyenda urbana” habían sido utilizadas por el ejército americano con sus tropas en Vietnam, y eso les daba mayor autoridad. Sus influencias en el mundo de los negocios y la gestión se transmitían en la mayoría de los casos por “transmisión oral” y eran los Macgregor, Drucker, Peter y Porter de turno.

Afortunadamente para todos, todos nos convencimos de que aquello del Vietnam, fuese o no cierto, muy aconsejable no era, ya había llovido lo suyo y el mundo se movía rápidamente , se pasaba del walkman al ipod, el “personal computer” se convirtió en elemento indispensable, el móvil inundó los aeropuertos y como no podía ser de otra manera en la gestión de personas pasamos a descubrir y profundizar en nuevas formas de hacer las cosas, pasamos a la cultura de ahora “ todo el mundo es güeno”, “ mejor convencer que vencer” , “ win to win”, “talent lifecycle”, “valores antes que costumbres”, “economic boom”, “people development” “PAPI”, “assessment center”… llegaron los Kaplan y su Balanced Scorecard, Covey, Golleman, etc. y a todos nos entró una extraña ansiedad por esto de las “mejores prácticas” dando por supuesto que lo que antes era fusilar lo del vecino, estaba correctamente visto si lo llamábamos benchmark , y así amparado por aquello de “piensa en global , actúa en local” nos pusimos “honestamente” a copiar los unos de los otros y con mayor ahínco si los otros tenían crédito mundial.

Al día de ayer y una vez medidos y clasificados todos los recursos según su potencial mediante cuadros de doble entrada, colores orientativos, balances sociales …etc. , no satisfechos con el riesgo, dimos un paso más y volvimos a arriesgar y comenzamos a hablar de valores, de compromiso, de cultura, de intangibles de difícil medida en una cuenta de explotación, justificamos nuestra actuación con innumerables ratios, de todos los tipos imaginables, informe tras informe íbamos acumulando datos y más datos, justificando nuestra actuación y consolidando la creencia entre las personas de nuestras compañías de que así la vida en la empresa sería mejor, utilizamos sin medida la palabra felicidad, tratamos de reformar el pensamiento de los inconformistas y los colocamos en el lado izquierdo y abajo del cuadro, lo cuál bueno no era, nos arrogamos el papel de “facilitadores de la felicidad en el entorno profesional” y nos lo creímos tanto que incluso tratábamos de convencer a consejos de administración ,comités ejecutivos, directivos, comités sociales…etc..Habíamos encontrado el verdadero valor de la gestión de los recursos humanos. El activo con brazos y piernas y una sonrisa algo estúpida subía y bajaba diariamente por las escaleras o los ascensores de la compañía, los hombres y mujeres de la empresa crecían al mismo tiempo que crecía la empresa, las cuestiones sociales se supeditaban al único discurso de la tolerancia, el talento inundaba nuestras conversaciones, la tecnología nos permitía llegar antes y mejor… eran tiempos dichosos para la gestión de personas, mejor no se podía estar, nos habíamos subido al tren del “Show Business”.

Y de repente, prevista por unos, escondida por otros, cacareada por ambos, empujándonos a todos, llegó la crisis y como si de una epidemia se tratara todos los que cinco minutos antes hablabamos de desarrollar, conciliar, incentivar, sinergiar y algún que otro verbo terminado en “ar”, comenzamos una vez finiquitada la imaginación a despedir, rescindir, remitir…y algún que otro verbo terminado en “ir”. Y una vez más aparecieron numerosos gurús que nos hablaban de que ahora lo importante no es tanto el “qué” sino el “cómo” y encontramos de nuevo el bálsamo para convertir en habitual aquello de lo que habíamos renegado.

Aprendida está la lección señores, seguro que justificaciones caben para todos los gustos y colores, pero… por favor, no se dejen engañar o si se dejan engañar no den la vara con el engaño a los demás, que gestionar personas de manera exitosa sigue siendo un lujo, porque todo aquello que se puede llevar a la práctica sin poner en peligro cosas tan mundanas como la casa, el alimento, el cole de los niños, y alguna que otra cosa así, repito sólo cuando esas cuestiones legítimamente básicas quedan a salvo, podemos decir y hacer cuanto queramos en la gestión de personas, y para demostrarlo bastante ejemplos tiene la historia.
“Defenderás con ahínco del mismo modo la blanca doble que la doble cinco” reza una de esas sentencias populares del jugador de dominó, el cuál, sintetiza que para dominar el juego debes ser práctico, seguir las reglas. Sigamos las reglas pues, seguro de que de nuevo volveremos a teorizar sobre las bondades de nuestra gestión y que ello será positivo para todos y todas los que cada día dedicamos nuestro esfuerzo, talento y tesón a gestionar personas, pero no hagamos de ello un insensato dogma de fe o un karma espiritual común, no vaya a ser que se nos ponga la cara colorada de vergüenza. Conozcamos nuestras empresas, sus personas y valoremos desde el sentido común cada una de las acciones que tratamos de implementar, su resultado, su impacto, sus consecuencias. Tratemos de solucionar las preocupaciones profesionales de los administrados, no administremos las preocupaciones a nuestro antojo. Seamos honestos en nuestros planteamientos, no nos engañemos a nosotros mismos. No busquemos compromisos de manera artificial cuando no somos capaces de asegurar reciprocidad. Eduquemos con hechos, con nuestra propia conducta, reflejo de los valores que queremos implementar , no por pintar dichos valores en la pared se van a cumplir, contemos con el tiempo para cualquier cambio, seamos metódicos en la utilización de instrumentos, huyamos de instrumentalizar el método, seamos cautos con las ideas vendidas en librerías de todo a cien, seleccionemos, discriminemos teorías, no a las personas, exijamos principios a nuestras compañías y trabajemos por su cumplimiento, conversemos con quien recibe nuestras prácticas, escuchemos tanto su opinión como la del consultor que contratamos, no tratemos de diseñar políticas de la noche al día, compartamos inquietudes… aprendamos del momento.

Hace no mucho ojeando alguno de los muchos papeles que guardo, apareció un relato de esos que se utilizan en los seminarios dedicados a esa endiabla palabra tan difícil de pronunciar “Management”, que a mi juicio, viene al pelo para terminar y que, desde lo que me permite la memoria venía a ser lo siguiente:

“Una oscura tarde de invierno el viento helado del Este soplaba con tanta fuerza que hizo caer un pequeño gorrión del nido en que se hallaba. Pasaban las horas, la oscuridad y el frío iban lentamente robando alientos de vida al pequeño gorrión, exhausto en el esfuerzo de querer regresar al nido y no poder volar , hambriento y helado, había rendido su voluntad al destino que parecía esperarle, la muerte.

De repente, un pastor que pasaba por aquel camino de vuelta a casa con su ganado, recogió al gorrión y al ver el estado en el que se encontraba, lo colocó en una de las muchas heces calientes que el ganado iba soltando por el camino, y siguió su marcha, al tiempo que le decía – sólo un poco de calor te ayudará a pasar la noche, mañana de vuelta, si sigues vivo, buscaremos tu nido-. Al calor desprendido por las heces, el gorrión recupero el aliento y comenzó a piar de alegría, el sonido del pajarillo alertó a un lobo hambriento que merodeaba la zona y cuando le descubrió le arrancó de su lugar con un mordisco y se lo comió.

La leyenda concluye con la siguiente moraleja: “En la vida no siempre son tus enemigos aquellos que se empeñan en colocarte en situaciones difíciles, ni siempre tus aliados los que tratan de sacarte de ellos”

Que usted lo pase lo mejor posible.

Categorías:Opinión
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