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MAPAS DE TALENTO, ALINEAR NEGOCIO Y PERSONAS

Inteligencia colectiva 5 - Flickr luc legayDescubrir el talento en las personas parte de un ejercicio tan antiguo como poco explorado, el autoconocimiento y el conocimiento de las personas que nos rodean.

Aunque los procesos de evaluación del talento que llevan a cabo las organizaciones han ido fortaleciéndose con el paso de los años, sigue habiendo una asignatura pendiente: hacer que la identificación del talento deje de ser un proceso de Recursos Humanos para convertirse en un proceso de management, en el que toda la organización esté involucrada.

Como en todo proceso de management, es necesario apoyarnos en un modelo sólido y alineado con la estrategia del negocio, en unas métricas que avalen su eficacia y en tecnologías que permitan llevarlo a cabo de forma eficiente.

Los Mapas de Talento permiten alcanzar este objetivo como nunca antes había sido posible, facilitando al negocio jugar con información visual sobre el talento de las personas, con la que los directivos pueden transformar datos en hechos, obteniendo evidencias en vez de informes.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las organizaciones ya tiene resuelto qué entienden por talento, principalmente a través de sus modelos de competencias y descripciones de puestos, ¿cómo llegamos a construir nuestro Mapa de Talento?

  • Transformando las fuentes de información con las que ya contamos sobre las personas en Indicadores de Talento: KPI’s de negocio, evaluaciones de desempeño, movilidad, planes de desarrollo, estudios de satisfacción, productividad …
  • Incorporando Herramientas de Assessment que nos ayuden a conseguir la información que nos falta, con rigor, objetividad y de la forma menos invasiva posible para las personas.
  • Explotando los Indicadores de Talento y los resultados de las Herramientas de Assessment en tecnologías de visualización de datos, aprovechando el poder de lo visual para inspirar a los directivos a obtener insights sobre los que tomar decisiones sobre las personas.

Un Mapa de Talento no es un fin en sí mismo pero es el mejor punto de partida con el que diseñar estrategias de Recursos Humanos que permitan alinear el crecimiento del negocio con el de las personas.

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ECOS DE TEDxMoncloa

25 noviembre 2012 13 comentarios

Tras los días tan intensos que vivimos en la recta final de TEDxMoncloa, empezamos a recuperarnos de la resaca de tantas emociones, ideas e inspiración de todas las personas que nos hicieron vivir una experiencia inolvidable.

Aún siguen llegando los ecos de lo que ocurrió el 20N, en forma de números como las 3.264 personas que se conectaron al streaming, en forma de hashtag #TEDxMoncloa que llegó a ser Trending Topic durante varias horas, a través de la visión de algunos de los protagonistas como Carlos Scolari, del genial Storify de Mónica García, o del talento de @dibujario.

Me hizo especial ilusión la participación del programa Cámara Abierta, con Dani Seseña a la cabeza y en el que también participó mi querido José de la Peña. Como casi todo en la vida, las cosas pasan porque hay alguien que hace que pasen. Y aquí esas personas fueron Anais Rubio y Mónica García, talento dentro de ACTUAL, y talento en su fantástico proyecto estimulando.

Os dejo aquí el reportaje del programa emitido en TVE Canal 24h y en La 2.

REDES DE TALENTO

27 octubre 2012 18 comentarios

Muchas personas defienden que las redes sociales nos han hecho más sociales, otras que van a terminar por convertirnos en seres insociables. Ni expertos ni autores coinciden en  el verdadero impacto que tendrán en nuestra sociedad, presente y futura. Sin embargo hay algo en que sí parece que estamos de acuerdo, y es que las redes sociales nos han descubierto que somos más sociales de lo nos habían dicho.

En muchos aspectos las redes sociales han cerrado el paréntesis que se abrió hace ya varias generaciones cuando la vida se trasladó de las áreas rurales a las grandes urbes. Poco a poco fueron desapareciendo los espacios de conversación cotidianos y espontáneos que suponían una de las formas principales de entretenimiento y relación entre las personas.

Ahora esos espacios de conversación ya no se dan en la plaza de un pueblo, sino en la red, abriéndonos nuevas posibilidades para relacionarnos, entretenernos, aprender,  buscar empleo, o hacer negocios, por ejemplo.

Pero para entender esta transformación no basta con hablar de tecnología, o de nuevos canales de información y acceso a contenidos, es necesario hablar de participación. Según el último estudio Digital Life de TNS, más de 2.100 millones de personas en todo el mundo consumen contenidos, productos y servicios en la red. Y casi una tercera parte de estas personas genera también contenidos en forma de fotos, vídeos, blogs y microblogs. Y esa es una de las razones principales por las que las redes sociales se han convertido en la principal actividad online en todo el mundo.

Aunque la mayoría de las empresas son conscientes de este hecho, todavía son pocas las que analizan cómo encontrar nuevas formas de hacer negocio en internet y los medios sociales. Y menos aun son las verdaderamente conscientes de que además de la estrategia, el marketing y la tecnología, son las personas que trabajan en las empresas las que juegan el papel protagonista en estos nuevos escenarios.

Es difícil que una organización pueda adentrarse con éxito en las redes sociales sin entender que necesita contar con personas con ideas y capaces de multiplicar su valor mediante la colaboración con los demás.

Nuevo talento

¿Y cómo pueden las organizaciones contar con este nuevo talento? Como se ha hecho siempre, atrayéndolo o desarrollándolo. Pero en primer lugar entendiendo que muchas de esas personas vienen con otro cableado mental en forma de nuevas competencias y motivaciones, que en la mayoría de los casos son transversales a lo que determina la descripción de un puesto de trabajo.

Algunas de estas competencias son la multidisciplinariedad, el trabajo en red, la orientación al aprendizaje, la inteligencia social, el pensamiento de diseño, la sensibilidad multicultural, y por supuesto la competencia digital.

Y en lo que respecta a la motivación, este talento tiene una idea del trabajo más alejada de la centralidad que tuvo para las generaciones anteriores, y más cercana a lo que es el jobless work, el trabajo sin puesto de trabajo. Estas personas demandan una mayor participación, donde se explique bien el por qué y el para qué, estableciendo objetivos conjuntamente, y recibiendo un feedback rápido, tanto para recompensar como para criticar.

El informe El Mundo Conectado, publicado por Cisco, es muy claro en lo que respecta a lo que significa internet, las redes sociales y la tecnología para este nuevo talento. Para un 30% de los jóvenes profesionales Internet es tan importante como las necesidades básicas de alimento o refugio. El 66% de estas personas percibe los smartphones y los portátiles como la tecnología más importante de sus vidas. El 70% están conectados en Facebook con sus jefes y compañeros de trabajo. Y un 40% aceptarían un trabajo con menor remuneración por poder elegir las tecnologías con las que trabajar.

Parece claro que contar con este nuevo talento pasa por conseguir que las organizaciones vean internet y las redes como una oportunidad y no como una amenaza. Y son los departamentos de Recursos Humanos los que parten de la mejor posición para ayudar a impulsar en las organizaciones las redes sociales, integrándolas de forma natural en sus procesos de gestión del talento.

Atracción del talento en la red, Reclutamiento 2.0

El fin del reclutamiento en redes sociales es el mismo que el del reclutamiento tradicional, identificar a la persona que mejor se ajuste al puesto. Lo que cambia es el medio, y es justo aquí donde es más fácil confundirse. El medio no son las redes en sí mismas sino una nueva actitud para participar en las redes, conversando con los candidatos, creando comunidad con ellos. En definitiva, haciendo más community y menos branding.

Por eso hablar de reclutamiento 2.0 es mucho más que facilitar al departamento de Recursos Humanos tener presencia en Linkedin, Facebook, Twitter y Youtube. Es necesario el apoyo del negocio, facilitando a los profesionales de la organización participar en las redes sociales. Porque la conversación de un experto de nuestra organización en un grupo de Linkedin, por ejemplo, puede llegar a ser más efectiva con un candidato que todos los paquetes premium que contratemos.

Uno de los mayores beneficios del reclutamiento 2.0 es la llegada al candidato pasivo. Si queremos aprovechar las redes sociales para atraer a los mejores, tendremos que saber explicar el proyecto que les podemos llegar a ofrecer. Y para eso no hay mejor práctica en reclutamiento 2.0 que aquella que facilita la colaboración entre técnicos de selección y expertos del negocio para conversar con los candidatos en la red.

Aprovechamiento de la inteligencia colectiva

Una de las mayores aportaciones de las redes sociales a la gestión del talento está siendo el impulso de nuevas formas de aprendizaje, de gestionar el conocimiento, y como resultado, de innovar.

Conceptos como los Entornos Personalizados de Aprendizaje (PLE) están considerados como la metodología más eficiente para manejar la abundancia de información que existe en la web y transformarla en conocimiento.

¿Y en qué se basan estos conceptos de aprendizaje social y gestión del conocimiento? Fundamentalmente en la idea de inteligencia colectiva, en la diversidad de visiones e intereses, en la conexión entre personas con fuentes de información, en situar la motivación por aprender por encima del conocimiento que ya se posee. Y principalmente en que el conocimiento ya no es poder, el acceso al conocimiento es poder.

Preguntas del tipo ¿quién va a dedicar su tiempo contribuyendo a los demás sin obtener nada a cambio? suenan cada vez más anacrónicas. Sin olvidarnos de Maslow y su pirámide, cada vez entendemos mejor la idea de recompensa basada en el reconocimiento, la visibilidad y la reputación.

Esta forma de recompensa es la que nos ayuda a enriquecer nuestra identidad digital, que no es la que nosotros nos creamos sino la que la comunidad nos atribuye, por nuestra contribución y por nuestra transparencia.

Pero los procesos de crowdsourcing no son un camino de rosas, el éxito o fracaso en una organización del aprendizaje colaborativo, la gestión del conocimiento o de programas de innovación abierta va a depender en gran medida de cuatro factores: la confianza que generen las personas identificadas como expertos, la masa crítica de participación que se pueda alcanzar, la inmediatez con la que las personas obtienen lo que buscan, y por último la transparencia de la organización, especialmente desde la alta dirección.

Conocer datos como los que ofrecía recientemente Karpesky Labs sobre el uso de las redes sociales en las empresas, donde el 76% de las grandes compañías en España impide a sus empleados acceder a las redes sociales en la oficina, evidencia que los líderes de una organización continúan siendo reconocidos exclusivamente por su eficacia y eficiencia, y no por facilitar la participación. Dicho de otra forma, sigue vigente el mantra de que compartir conocimiento es perder poder.

No importa que miremos a corto o a largo plazo, ya es un hecho que este nuevo talento se compromete cada vez más con los proyectos y menos con las marcas. Aprovechar la potencia de las redes informales es lo que permitirá contar con las personas adecuadas para  abordar las realidades cada vez más complejas a las que se enfrentan las organizaciones.

Artículo publicado en la revista de APD (Asociación para el Progreso de la Dirección)

La imagen es de Pietroizzo, bajo licencia Creative Commons

ESCAPAR DEL PENSAMIENTO GRUPAL

En uno de los capítulos de su libro El ElementoKen Robinson habla de hasta qué punto podemos llegar a vivir condicionados por nuestra identificación con un grupo, y el modo en que asumimos su actitud. Se refiere a lo que algunos psicólogos llaman pensamiento grupal.

A priori este concepto puede llegar a confundirse con la idea de inteligencia colectiva. Pero basta profundizar un poco para ver que no tienen nada en común. Mientras que el pensamiento grupal hace que el grupo piense y actúe en masa, dificultando las capacidades individuales de sus miembros, el aprovechamiento de la inteligencia colectiva persigue que fluyan las ideas y el conocimiento, a través de la suma de las capacidades individuales y la colaboración.

Durante los últimos años hemos asistido a planteamientos como los que por ejemplo hacía Nicholas CarrIs Google making us stupid? Éste y otros autores intentaron convencernos del impacto negativo de internet tanto en nuestras capacidades cognitivas como de relación con los demás. De alguna forma venían a decirnos que internet nos estaba llevando sin posibilidad de salvación hacia el pensamiento grupal.

El caso es que basta darse una vuelta por la blogosfera, las redes sociales, los entornos abiertos de trabajo colaborativo, Youtube, o fijarse en fenómenos como Wikileaks para darse cuenta de que no solo no estamos volviéndonos estúpidos, sino que internet y especialmente la web social nos están facilitando escapar de las diferentes formas de pensamiento grupal, acercándonos a algo más parecido a la inteligencia colectiva.

¿Y en qué punto de este camino están las empresas? En la mayoría todavía siguen imperando las tesis de Carr, aunque nunca hayan oído hablar de él. Cualquier avance se convierte en un parto, preguntándose qué pasará con esa cosa amada y llamada cultura corporativa. No tanto en lo que se refiere a estructuras, procesos, sistemas y tecnologías, sino en sus valores, símbolos, actitudes y estilos de liderazgo. No parece importarles que para bien o para mal el concepto de cultura ya se está desvaneciendo por sí solo. Las personas cada vez se comprometen más con los proyectos y menos con las marcas. Y el liderazgo se entiende cada vez más en convivencia con las jerarquías, pero no a merced de las jerarquías.

La paradoja es que si nos fijamos en la parte alta de la pirámide jerárquica, también encontramos que se va disipando la idea de cultura, pero en muchos casos no para poner en marcha nuevas formas de entender las relaciones de las personas en las empresas, sino para exhibir verdaderas lecciones magistrales de pensamiento grupal, si es preciso uniformado con corbatas del color corporativo.

Para muchas empresas saber aprovechar la inteligencia colectiva de las personas se ha convertido en una verdadera necesidad. La buena noticia es que aquí no hay recetas complejas para conseguirlo, basta con atreverse a dejar de ver la web social como algo que nos hace estúpidos. Porque para eso ya está el pensamiento grupal.

APRENDIENDO A APRENDER, ALGUNAS CLAVES

Desde hace un tiempo sigo con mucho interés los debates que se están produciendo alrededor del concepto de aprendizaje. Tanto en el ámbito educativo como en el mundo empresarial, y en general en nuestra vida cotidiana, son muchas las ideas e iniciativas que nos demuestran cómo la web social está multiplicando nuestras oportunidades de aprendizaje.

Tanto la formación académica, centrada mayoritariamente en la transmisión de conocimientos de forma extensiva e intensiva y en la expedición de avales en forma de títulos, como la formación en el entorno profesional, dirigida a aumentar mejorar el rendimiento en el puesto de trabajo, están evidenciando que los modelos establecidos han terminado por llevar a un segundo plano su razón de ser: el aprendizaje.

A lo largo de los próximos posts compartiré aquí algunas de las ideas e iniciativas que están rompiendo con muchas de las reglas establecidas en los modelos educativos existentes. También compartiré mis reflexiones sobre cómo en el contexto de la formación, las empresas y los organismos públicos han adquirido los mismos vicios que el mundo educativo.

Mi aproximación al mundo del aprendizaje es consecuencia de conocer nuevas ideas que sirven como detonantes por sí mismas. Ese ha sido mi caso al profundizar en experiencias como las del Proyecto Facebook de Alejandro Piscitelli, la visión filosófica y terapéutica de Claudio Naranjo sobre una educación integral, las reflexiones de Dolors Reig acerca del aprendizaje social y los entornos personalizados de aprendizaje, el experimento Hole in the Wall de Sugata Mitra, o la reivindicación de Julián Pindado sobre la necesidad de una alfabetización digital que recomponga la mente puzle. [no es como experto ni como educador. A veces ocurre que algunas ideas sirven como detonantes por sí mismas.]

Lo vamos a pasar bien… y al menos en mi caso, aprendiendo.

A BUEN EMPRENDEDOR, POCAS PALABRAS BASTAN

No es algo nuevo que en España nos guste hablar más de los malos empresarios que de los buenos emprendedores. Desde luego en nuestra sociedad no se lleva demasiado eso de creer en nuestras propias capacidades, apostando por las buenas ideas y trabajando para llevarlas a éxito. Y es que en nuestra historia podemos encontrar casos muy significativos de personas que tuvieron ideas innovadoras y que asumieron riesgos, pero que no pudieron vertebrarlas ni convertirlas en algo útil para nuestra sociedad.

Podemos detenernos en verdaderos casos de innovación como los de Cosme García Sáez o Isaac Peral, quienes inventaron diferentes modelos de lo que hoy conocemos como el submarino, y que vieron como sus ideas no pudieron llevarse a la práctica por el rechazo de las autoridades de la época.

Otro ejemplo es el caso del ingeniero Leonardo Torres Quevedo, quien entre otros proyectos, ideó su “Aritmómetro Electromecánico”, la primera calculadora digital de la historia conectada a una máquina de escribir. Si este emprendedor hubiera contado con el apoyo adecuado de inversores y gobernantes, es muy probable que lo que actualmente significa Sillicon Valley hubiera podido desarrollarse cerca de Los Monegros, por ejemplo, en vez de conformarnos hoy con acoger allí una orgía de casinos y parques temáticos.

Existen más ejemplos, el de Juan de la Cierva y su autogiro, o el de Jerónimo de Ayanz y su máquina de vapor. En todos los casos la historia fue muy parecida, ideas innovadoras resultantes de capacidades individuales excelentes que se fueron al traste cuando hubo que aunar voluntades y asumir riesgos.

¿Y qué hemos aprendido de aquellas experiencias? A la vista de nuestra situación económica me temo que poco. De cualquier forma, aunque sigamos empeñados en poner trabas a aquellos que quieren arriesgar su talento y su capital, es verdad que algo empieza a moverse. A pesar de que las aspiraciones de muchos estudiantes españoles pasan por el funcionariado, la inquietud por emprender en algunos jóvenes es ya un hecho que trasciende las estadísticas. Algunos lo hacen cuando ya han trabajado algunos años en empresas y otros lo hacen en el comienzo de su propia carrera profesional. En ambos casos estos jóvenes apuestan su talento y se arriesgan por una idea, en vez de hacerlo por un trabajo “estable” en una organización.

¿Y qué ocurre en este sentido con las escuelas de negocio? Desde que comenzó la crisis actual no han parado de mejorar su cuenta de resultados, siendo cada vez más las personas que deciden realizar alguno de sus programas formativos. Y aunque esto es un hecho positivo, sigo sin tener muy claro cuál es su papel con respecto a los jóvenes emprendedores. Durante muchos años se han dedicado principalmente a fabricar directivos en serie, y no tanto a ayudar a las personas a despertar inquietudes por emprender. Es verdad que algunas de esas escuelas ya están haciendo esfuerzos importantes para reciclar sus programas y trabajar aspectos relacionados con la creación de empresas. En cualquier caso está por ver que desarrollar el espíritu emprendedor pase por desembolsar unas decenas de miles de euros e invertir casi dos años de tu vida.

Indudablemente algo empieza a cambiar en la percepción que nuestra sociedad tiene de los emprendedores. Pero todavía hay mucho que hacer, al menos mientras los poderes públicos sigan contribuyendo con su irresponsabilidad a que cale la idea de que ser emprendedor es casi lo mismo que ser como ese señor llamado Díaz Ferrán. De alguna forma, desde el poder los emprendedores son aún percibidos como elementos algo sospechosos, porque los condenados tienen la mala costumbre de querer salirse del carril único hacia el que algunos nos quieren dirigir.

Al buen emprendedor no le hacen falta muchas palabras, le hacen falta hechos y apoyos, de administraciones, inversores, bancos, y por supuesto de cada uno de nosotros, dando una oportunidad a sus productos y servicios, y aprendiendo a ver los fracasos como un simple alto en el camino.

EMPODERANDO ANDO…

La lengua española ha venido conviviendo de forma cotidiana con la incorporación de nuevos anglicismos a los que tarde o temprano hemos terminado por nacionalizar. El mundo del deporte o el de la gestión empresarial dan buena cuenta de ello. Sin embargo me llaman la atención algunos casos en los que se puede comprobar cómo un sólo vocablo puede evidenciar diferencias tan grandes entre países y culturas. Este es el caso del término empowerment.

Desde luego no es casualidad que esta palabra esté presente en los países anglosajones y que no hayamos sido capaces de traducirla al español. Tampoco lo es que al buscar “empoderar” en el diccionario de la RAE lleguemos al término “apoderar”, en cuyo significado subyacen intenciones como las de permitir a alguien poseer algo, o hacer que alguien tenga poder sobre algo.

Parece como si estuviéramos delante de un rompecabezas en el que por un lado conocemos todas las piezas: capacidad, libertad, responsabilidad, liderazgo, participación, motivación, voluntad, confianza, delegación, autonomía, compromiso, … Y en el que por otro lado no sabemos bien cómo unir esas piezas para formar una figura que se parezca en algo al concepto de empoderamiento.

Aunque es cierto que en nuestra sociedad llevamos varios años oyendo hablar de este concepto, realmente apenas hemos pasado de eso, de oír hablar. En cualquier caso, algo está cambiando en este sentido y ahora es más fácil encontrar ejemplos de empoderamiento, bien a través de iniciativas sociales impulsadas por los propios ciudadanos, o bien a través de acciones dirigidas al desarrollo económico de regiones y países.

En el mundo empresarial también empezamos a ver algunas muestras reales de empoderamiento, en las que casi siempre aparecen dos factores detonantes, un nuevo estilo de liderazgo y las tecnologías relacionadas con la web social.

El liderazgo que facilita el empoderamiento no tiene por qué entrar en contradicción con las jerarquías de las organizaciones. Estas son y seguirán siendo jerárquicas porque sus estructuras aportan seguridad, y para la mayoría de las empresas la seguridad es y será un valor innegociable. Lo que sí es posible es hacer que las jerarquías convivan con modelos de relaciones en los que se ponga el foco en el valor que aportan las personas. Relaciones en las que el liderazgo se construya con el fin de influenciar en los demás para que den lo mejor de sí mismos, y no para conseguir autoridad con la que obtener exclusivamente su máximo rendimiento. Recomiendo leer esta entrada del blog de José Miguel Bolívar (@jmbolivar), en la que se pueden encontrar muy bien explicados algunos de los rasgos del liderazgo 2.0, siendo algunos de ellos claves en los procesos de empoderamiento.

El segundo factor detonante del empoderamiento en las organizaciones está siendo la tecnología, en las que las personas pueden llegar a ser algo más que usuarios de aplicaciones, construyendo sus propias herramientas en función de los objetivos de la organización y también de sus necesidades e intereses. La web social está facilitando la creación de equipos de trabajo auto-organizados, la generación de conocimiento compartido mediante la participación activa de las personas, la comunicación inmediata y síncrona, y sobre todo la toma de decisiones de forma descentralizada.

En algunas empresas el empoderamiento empieza a verse como algo necesario no sólo desde un punto de vista filosófico, sino como una forma de facilitar que las personas sean más eficaces y productivas, y a la vez más felices en su trabajo.

En lo que respecta al empoderamiento ciudadano no es tan evidente hablar de eficacia, productividad y beneficios. Todavía tenemos mucho que hacer para sacar de su adocenamiento a buena parte de nuestra sociedad, que prefiere creer que empoderar pasa por farsas como estosololoarreglamosentretodos, o que asume que tiene que ver con movimientos que persiguen la igualdad como un fin último y no como un medio. Conviene tener presente que empoderar no significa dar responsabilidad a alguien sino darle la libertad para que ejerza su responsabilidad.