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EVALUACIÓN DEL TALENTO EN ACCIÓN

14 septiembre 2016 Deja un comentario

gamificacion_Fotor.jpgPor apasionante que sea el mundo de la identificación del talento en las organizaciones, lo cierto es que a nadie nos gusta ser evaluados. En muchos casos la percepción sigue siendo la de un examen que hay que aprobar, en vez de un proceso para conocer, descubrir, medir y predecir las capacidades y motivaciones de las personas.

Desde mi experiencia en Grupo Actual de más de 16 años evaluando el talento y el potencial de las personas, sabemos que cambiar esta percepción no es fácil. No solo porque es necesario contar con herramientas técnico-científicas que aporten validez predictiva, sino porque si queremos observar a las personas poniendo en juego sus comportamientos y habilidades de una forma objetiva y fiable, tenemos que dejar atrás los procesos invasivos para crear entornos inmersivos que reflejen su realidad laboral, y donde las personas puedan vivir una experiencia emocional

Aunque las técnicas tradicionales de assessment center se acercan a este objetivo, cada vez son más difíciles de justificar en las organizaciones, por su coste y sobre todo por la complejidad logística de tener a las personas durante varias horas fuera de su puesto de trabajo.

Por otro lado existen los tests online, que permiten evaluar de forma muy rápida y fiable, y que son el mejor input para una fase posterior de entrevistas, pero están más limitados a la hora de crear una experiencia de usuario más emocional.

¿Existe entonces alguna solución que combine lo mejor de los tests online y lo mejor de las técnicas de assessment center? Sí, las herramientas de evaluación conductuales basadas en técnicas de gamificación. Estas herramientas online, al igual que los tests, son pruebas objetivas y de corrección automatizada, y aprovechan las técnicas de assessment center para recrear simulaciones online sobre entornos reales de trabajo.

Desde el punto de vista psicométrico estas herramientas cuentan con una mayor robustez y validez predictiva, puesto que permiten evaluar los comportamientos de una persona en acción sobre entornos similares a los del puesto de trabajo, eliminando los sesgos de la autopercepción. Y al estar basadas en entornos reales de negocio hacen muy difícil que la persona descubra qué es lo que le están evaluando, minimizando por tanto los riesgos de manipulación.

En los últimos años hemos comprobado que el hecho de que estas herramientas utilicen técnicas de gamificación permite incorporar a la evaluación mecánicas de juego con las que ofrecer un feedback continuo, lo que refuerza especialmente la motivación de la persona durante todo el proceso de evaluación.

Desde el punto de vista tecnológico, estas herramientas permiten recrear escenarios online con el mayor realismo gracias a las tecnologías multimedia y de animación, lo que permite a la persona vivir una experiencia emocional y retadora. Porque aunque no nos guste ser evaluados, a todos nos gustan los retos.

Hay pocas herramientas de medida que puedan ser igualmente utilizadas tanto en procesos de selección como de identificación de potencial, y también como primer paso en una formación en sala. Las herramientas de evaluación conductuales lo consiguen gracias a que cuentan con el mayor rigor técnico-científico, son muy eficientes en tiempo y coste, y ofrecen la mejor experiencia de usuario.

Las empresas empiezan a ser conscientes de que la evaluación es algo más que un proceso de los departamentos de Recursos Humanos, para convertirse en un momento clave en el que trasladar a las personas nuestra oferta de valor. Porque el tiempo que dedica una persona en un proceso de evaluación es muy valioso como para conformarnos con pedirle que responda a una prueba.

NO SIN MI VIOLÍN

IMG_0842_FotorEl pasado fin de semana el diario El País ha publicado un artículo titulado Así actúan los cazatalentos, en el que he tenido la oportunidad de participar dando mi opinión junto a otros expertos. No soy cazatalentos, pero mi trayectoria evaluando talento me ha dado la oportunidad de trabajar con algunos de los mejores profesionales en la búsqueda y selección de personas.

Esta experiencia me lleva a reflexionar sobre la forma en la que la Generación Z y la de los Millennials, es decir, las últimas en incorporarse al mercado laboral, perciben el mundo del trabajo y, también, acerca del reto que para las empresas supone un nuevo escenario en el que los procesos de selección se convierten también en un terreno abonado para hacer marca de empleador.

Una de las creencias que más fuerza cobra en los últimos tiempos es la de que se ha acabado para siempre la clásica dicotomía persona / profesional. Hasta hace muy poco tiempo se aceptaba la idea de que el individuo se comportara de una manera de 9 a 18,00 h. y de otra muy distinta una vez concluida la jornada laboral. Era como si en horario de trabajo activáramos el modo profesional y no permitiéramos a nuestro yo-persona tomar el control de la situación hasta vernos fuera de la oficina. Hoy esa concepción de la faceta profesional como independiente de la personal está cambiando a marchas forzadas. Porque no somos autómatas ni somos capaces de funcionar separadamente con sólo activar un interruptor. La persona lo es 24 horas al día, con independencia de que lo haga en el trabajo, en su casa o de vacaciones en el Caribe.

Y los primeros en cobrar conciencia de esa realidad han sido precisamente los más jóvenes, que ya no conciben -ni en muchos casos toleran- que en un proceso de selección no se valore aquello que es relevante para ellos en su ámbito personal, sus gustos, inquietudes y comportamientos al margen de lo estrictamente profesional. Que no se interesen, en suma, por ellos como personas y por la forma, en definitiva, en que despliegan su talento, tanto en el trabajo como en la vida. También para la empresa sería un error imperdonable renunciar a la mitad de la foto del candidato que tienen delante. Por tanto la tendencia se dirige a valorar su contribución y su potencial no solo como profesional, sino también como persona, y por supuesto sin renunciar a medir las competencias necesarias para el desempeño del puesto.

Así pues, ya no basta con saber si el candidato sabe trabajar en equipo porque da las respuestas adecuadas y explica sus logros en pasadas experiencias. También quiero saber si le gusta tocar el violín, y si lo ha tocado integrado en alguna orquesta. Porque ese dato me proporcionará una foto más completa de su potencial y, sobre todo, de aquellas cosas que le hacen feliz.

Este panorama idílico presenta un problema. Y es que supone duplicar esfuerzos, tiempos y recursos para la evaluación del talento. En cualquier caso se trata de un dilema con fecha de caducidad, en no mucho tiempo esto será algo innegociable para conseguir que el mejor talento quiera trabajar con nosotros.

LEARNING AGILITY, WHATSAPP AVISA

Michelangelo still learning Anne Davis 773El liderazgo basado en el ejemplo, el foco en los resultados, económicos y humanos, impulsar la colaboración, identificar y desarrollar a las personas clave, la resistencia a la frustración, entre otras, son algunas de las características que mejor dibujan la calidad directiva que viene.

Pero si hay una variable que va a determinar especialmente el éxito de nuestros líderes, presentes y futuros, esa es la competencia Learning Agility. Una variable que principalmente se refleja en cómo trabajamos con las ideas, las nuestras y las de los demás, en cómo actuamos ante la incertidumbre, y en cómo hacemos que las cosas pasen.

Learning Agility es entender que ahora mismo ahí fuera hay alguien inventándose un nuevo modelo de negocio con el que hacer más rápido, más barato y con más valor para el cliente, lo que ya hacemos en nuestra organización.

Podemos encontrar un ejemplo reciente con WhatsApp, la compañía que ha revolucionado nuestras comunicaciones móviles, haciéndolas más baratas, divertidas y útiles (esto último no aplica a esos grupos mortificantes tipo “cañitas del domingo”). Pues bien, sus fundadores han anunciado que próximamente ofrecerán también llamadas de voz, gratis. En este caso Learning agility es la capacidad de los líderes de los operadores de telecomunicaciones para entender que se terminó el negocio de cobrar por las llamadas, creando alternativas para rellenar ese hueco en la cuenta de resultados, y aprendiendo a competir en este nuevo escenario.

Las grandes corporaciones cada vez tienen más claro que las grandes ideas que revolucionarán el mercado no van a venir desde dentro, porque esas grandes ideas casi siempre nacen de la necesidad y la libertad. A lo que sí que están obligadas estas corporaciones es a entender lo que ocurre extramuros, en ecosistemas que se desarrollan al margen de estudios de mercado, planes estratégicos y escuelas de negocio.

WhatsApp es solo un aviso de lo que viene. No tardaremos mucho en conocer al friki que entre bermudas y chanclas esté ahora mismo inventándose un nuevo modelo de negocio… quién sabe si el de la banca.

La imagen es de Anne Davis 773 bajo licencia Creative Commons.