Archivo

Posts Tagged ‘inteligencia colectiva’

REDES DE TALENTO

27 octubre 2012 18 comentarios

Muchas personas defienden que las redes sociales nos han hecho más sociales, otras que van a terminar por convertirnos en seres insociables. Ni expertos ni autores coinciden en  el verdadero impacto que tendrán en nuestra sociedad, presente y futura. Sin embargo hay algo en que sí parece que estamos de acuerdo, y es que las redes sociales nos han descubierto que somos más sociales de lo nos habían dicho.

En muchos aspectos las redes sociales han cerrado el paréntesis que se abrió hace ya varias generaciones cuando la vida se trasladó de las áreas rurales a las grandes urbes. Poco a poco fueron desapareciendo los espacios de conversación cotidianos y espontáneos que suponían una de las formas principales de entretenimiento y relación entre las personas.

Ahora esos espacios de conversación ya no se dan en la plaza de un pueblo, sino en la red, abriéndonos nuevas posibilidades para relacionarnos, entretenernos, aprender,  buscar empleo, o hacer negocios, por ejemplo.

Pero para entender esta transformación no basta con hablar de tecnología, o de nuevos canales de información y acceso a contenidos, es necesario hablar de participación. Según el último estudio Digital Life de TNS, más de 2.100 millones de personas en todo el mundo consumen contenidos, productos y servicios en la red. Y casi una tercera parte de estas personas genera también contenidos en forma de fotos, vídeos, blogs y microblogs. Y esa es una de las razones principales por las que las redes sociales se han convertido en la principal actividad online en todo el mundo.

Aunque la mayoría de las empresas son conscientes de este hecho, todavía son pocas las que analizan cómo encontrar nuevas formas de hacer negocio en internet y los medios sociales. Y menos aun son las verdaderamente conscientes de que además de la estrategia, el marketing y la tecnología, son las personas que trabajan en las empresas las que juegan el papel protagonista en estos nuevos escenarios.

Es difícil que una organización pueda adentrarse con éxito en las redes sociales sin entender que necesita contar con personas con ideas y capaces de multiplicar su valor mediante la colaboración con los demás.

Nuevo talento

¿Y cómo pueden las organizaciones contar con este nuevo talento? Como se ha hecho siempre, atrayéndolo o desarrollándolo. Pero en primer lugar entendiendo que muchas de esas personas vienen con otro cableado mental en forma de nuevas competencias y motivaciones, que en la mayoría de los casos son transversales a lo que determina la descripción de un puesto de trabajo.

Algunas de estas competencias son la multidisciplinariedad, el trabajo en red, la orientación al aprendizaje, la inteligencia social, el pensamiento de diseño, la sensibilidad multicultural, y por supuesto la competencia digital.

Y en lo que respecta a la motivación, este talento tiene una idea del trabajo más alejada de la centralidad que tuvo para las generaciones anteriores, y más cercana a lo que es el jobless work, el trabajo sin puesto de trabajo. Estas personas demandan una mayor participación, donde se explique bien el por qué y el para qué, estableciendo objetivos conjuntamente, y recibiendo un feedback rápido, tanto para recompensar como para criticar.

El informe El Mundo Conectado, publicado por Cisco, es muy claro en lo que respecta a lo que significa internet, las redes sociales y la tecnología para este nuevo talento. Para un 30% de los jóvenes profesionales Internet es tan importante como las necesidades básicas de alimento o refugio. El 66% de estas personas percibe los smartphones y los portátiles como la tecnología más importante de sus vidas. El 70% están conectados en Facebook con sus jefes y compañeros de trabajo. Y un 40% aceptarían un trabajo con menor remuneración por poder elegir las tecnologías con las que trabajar.

Parece claro que contar con este nuevo talento pasa por conseguir que las organizaciones vean internet y las redes como una oportunidad y no como una amenaza. Y son los departamentos de Recursos Humanos los que parten de la mejor posición para ayudar a impulsar en las organizaciones las redes sociales, integrándolas de forma natural en sus procesos de gestión del talento.

Atracción del talento en la red, Reclutamiento 2.0

El fin del reclutamiento en redes sociales es el mismo que el del reclutamiento tradicional, identificar a la persona que mejor se ajuste al puesto. Lo que cambia es el medio, y es justo aquí donde es más fácil confundirse. El medio no son las redes en sí mismas sino una nueva actitud para participar en las redes, conversando con los candidatos, creando comunidad con ellos. En definitiva, haciendo más community y menos branding.

Por eso hablar de reclutamiento 2.0 es mucho más que facilitar al departamento de Recursos Humanos tener presencia en Linkedin, Facebook, Twitter y Youtube. Es necesario el apoyo del negocio, facilitando a los profesionales de la organización participar en las redes sociales. Porque la conversación de un experto de nuestra organización en un grupo de Linkedin, por ejemplo, puede llegar a ser más efectiva con un candidato que todos los paquetes premium que contratemos.

Uno de los mayores beneficios del reclutamiento 2.0 es la llegada al candidato pasivo. Si queremos aprovechar las redes sociales para atraer a los mejores, tendremos que saber explicar el proyecto que les podemos llegar a ofrecer. Y para eso no hay mejor práctica en reclutamiento 2.0 que aquella que facilita la colaboración entre técnicos de selección y expertos del negocio para conversar con los candidatos en la red.

Aprovechamiento de la inteligencia colectiva

Una de las mayores aportaciones de las redes sociales a la gestión del talento está siendo el impulso de nuevas formas de aprendizaje, de gestionar el conocimiento, y como resultado, de innovar.

Conceptos como los Entornos Personalizados de Aprendizaje (PLE) están considerados como la metodología más eficiente para manejar la abundancia de información que existe en la web y transformarla en conocimiento.

¿Y en qué se basan estos conceptos de aprendizaje social y gestión del conocimiento? Fundamentalmente en la idea de inteligencia colectiva, en la diversidad de visiones e intereses, en la conexión entre personas con fuentes de información, en situar la motivación por aprender por encima del conocimiento que ya se posee. Y principalmente en que el conocimiento ya no es poder, el acceso al conocimiento es poder.

Preguntas del tipo ¿quién va a dedicar su tiempo contribuyendo a los demás sin obtener nada a cambio? suenan cada vez más anacrónicas. Sin olvidarnos de Maslow y su pirámide, cada vez entendemos mejor la idea de recompensa basada en el reconocimiento, la visibilidad y la reputación.

Esta forma de recompensa es la que nos ayuda a enriquecer nuestra identidad digital, que no es la que nosotros nos creamos sino la que la comunidad nos atribuye, por nuestra contribución y por nuestra transparencia.

Pero los procesos de crowdsourcing no son un camino de rosas, el éxito o fracaso en una organización del aprendizaje colaborativo, la gestión del conocimiento o de programas de innovación abierta va a depender en gran medida de cuatro factores: la confianza que generen las personas identificadas como expertos, la masa crítica de participación que se pueda alcanzar, la inmediatez con la que las personas obtienen lo que buscan, y por último la transparencia de la organización, especialmente desde la alta dirección.

Conocer datos como los que ofrecía recientemente Karpesky Labs sobre el uso de las redes sociales en las empresas, donde el 76% de las grandes compañías en España impide a sus empleados acceder a las redes sociales en la oficina, evidencia que los líderes de una organización continúan siendo reconocidos exclusivamente por su eficacia y eficiencia, y no por facilitar la participación. Dicho de otra forma, sigue vigente el mantra de que compartir conocimiento es perder poder.

No importa que miremos a corto o a largo plazo, ya es un hecho que este nuevo talento se compromete cada vez más con los proyectos y menos con las marcas. Aprovechar la potencia de las redes informales es lo que permitirá contar con las personas adecuadas para  abordar las realidades cada vez más complejas a las que se enfrentan las organizaciones.

Artículo publicado en la revista de APD (Asociación para el Progreso de la Dirección)

La imagen es de Pietroizzo, bajo licencia Creative Commons

Anuncios

ESCAPAR DEL PENSAMIENTO GRUPAL

En uno de los capítulos de su libro El ElementoKen Robinson habla de hasta qué punto podemos llegar a vivir condicionados por nuestra identificación con un grupo, y el modo en que asumimos su actitud. Se refiere a lo que algunos psicólogos llaman pensamiento grupal.

A priori este concepto puede llegar a confundirse con la idea de inteligencia colectiva. Pero basta profundizar un poco para ver que no tienen nada en común. Mientras que el pensamiento grupal hace que el grupo piense y actúe en masa, dificultando las capacidades individuales de sus miembros, el aprovechamiento de la inteligencia colectiva persigue que fluyan las ideas y el conocimiento, a través de la suma de las capacidades individuales y la colaboración.

Durante los últimos años hemos asistido a planteamientos como los que por ejemplo hacía Nicholas CarrIs Google making us stupid? Éste y otros autores intentaron convencernos del impacto negativo de internet tanto en nuestras capacidades cognitivas como de relación con los demás. De alguna forma venían a decirnos que internet nos estaba llevando sin posibilidad de salvación hacia el pensamiento grupal.

El caso es que basta darse una vuelta por la blogosfera, las redes sociales, los entornos abiertos de trabajo colaborativo, Youtube, o fijarse en fenómenos como Wikileaks para darse cuenta de que no solo no estamos volviéndonos estúpidos, sino que internet y especialmente la web social nos están facilitando escapar de las diferentes formas de pensamiento grupal, acercándonos a algo más parecido a la inteligencia colectiva.

¿Y en qué punto de este camino están las empresas? En la mayoría todavía siguen imperando las tesis de Carr, aunque nunca hayan oído hablar de él. Cualquier avance se convierte en un parto, preguntándose qué pasará con esa cosa amada y llamada cultura corporativa. No tanto en lo que se refiere a estructuras, procesos, sistemas y tecnologías, sino en sus valores, símbolos, actitudes y estilos de liderazgo. No parece importarles que para bien o para mal el concepto de cultura ya se está desvaneciendo por sí solo. Las personas cada vez se comprometen más con los proyectos y menos con las marcas. Y el liderazgo se entiende cada vez más en convivencia con las jerarquías, pero no a merced de las jerarquías.

La paradoja es que si nos fijamos en la parte alta de la pirámide jerárquica, también encontramos que se va disipando la idea de cultura, pero en muchos casos no para poner en marcha nuevas formas de entender las relaciones de las personas en las empresas, sino para exhibir verdaderas lecciones magistrales de pensamiento grupal, si es preciso uniformado con corbatas del color corporativo.

Para muchas empresas saber aprovechar la inteligencia colectiva de las personas se ha convertido en una verdadera necesidad. La buena noticia es que aquí no hay recetas complejas para conseguirlo, basta con atreverse a dejar de ver la web social como algo que nos hace estúpidos. Porque para eso ya está el pensamiento grupal.

BUSCADORES SOCIALES, ALGO MÁS QUE RESPUESTAS

Somos las personas las que hacemos social la web. Más allá de las plataformas tecnológicas que nos permiten participar, somos nosotros los que podemos generar una comunidad allí donde existe conversación.

Utilizar internet para obtener de otras personas respuestas a nuestras preguntas no es una idea nueva. Durante años los foros, FAQs o servicios como Yahoo Answers han estado funcionando con éxito entre sus usuarios. Hasta que llegó Google y su revolución en el modo de acceder a la información, que ha conseguido llevar hasta nuestros días la idea de que todo el conocimiento está en la red y a golpe de clic.

Asumiendo que en parte esto es así, ¿qué está ocurriendo entonces para que los buscadores sociales vuelvan a emerger como el “plan b” de los buscadores algorítmicos? Seguramente habrá razones relacionadas con la abundancia de información, asociada de forma indivisible a la naturaleza de internet y que provoca que determinados contenidos requieran de una mayor navegación para acceder a ellos.

También influirá la intervención del SEO, que en algunos casos contribuye a que no siempre encontremos lo que buscamos, sino lo que lás áreas de marketing y Google la red decida que encontremos.

Sin embargo creo que las razones principales de la notoriedad de los buscadores sociales no están tanto en lo anterior como en la evolución de nuestro posicionamiento en la web social y en la idea de inteligencia colectiva. Preguntas del tipo ¿quién va a dedicar su tiempo contribuyendo a los demás sin obtener nada a cambio? suenan cada vez más anacrónicas. Sin olvidarnos de Maslow y su pirámide, cada vez entendemos mejor la idea de recompensa basada en el reconocimiento, la visibilidad y la reputación. Y aunque a veces nos empeñemos en lo contrario, nos va quedando claro que nuestra identidad digital no es la que nosotros nos creamos sino la que la comunidad nos atribuye, por nuestra contribución y por nuestra transparencia.

¿Y en qué se diferencia un buscador social de uno basado en algoritmos? Principalmente en que los buscadores sociales no te ofrecen la información que buscas sino las personas que pueden darte una respuesta. De alguna forma vienen a reafirmar que internet ya no funciona sobre modelos con “emisor” y “audiencia” sino sobre espacios donde la “audiencia” participa y el “emisor” además escucha.

Estos buscadores tienen elementos atractivos, permiten hacer un uso mayor del lenguaje natural y contextualizar mejor la información que buscamos. Sin embargo su éxito o fracaso va a depender de 3 factores: confianza, masa crítica de participación e inmediatez.

Confianza. Para que los usuarios confíen en las respuestas se necesita una buena identificación y clasificación de los roles de expertos, potenciando la identidad digital de la que hablábamos antes.

Masa crítica de participación. Es fundamental para poder dar respuesta al mayor número de preguntas y evitar que el usuario termine hablando solo. Quizás la integración con algunas redes sociales sea una buena vía para aumentar la participación.

Inmediatez. Ya nada se entiende en la red si no es conseguido al instante. En los buscadores sociales no se trata de contar el tiempo en milisegundos pero sí de acceder al mayor número de expertos disponibles en el menor tiempo posible.

Parece aventurado hablar de cuál será la evolución de los buscadores sociales. Por un lado la web semántica avanza, lenta pero avanza. Por otro lado gigantes como Google dan pasos hacia la búsqueda social, haciéndose con el buscador Aardvark, o lanzando Google Baraza para África. Y mientras tanto Facebook y Bing se unen para enriquecer la búsqueda algorítmica de Microsoft con la potencia de la mayor red social del mundo.

Por el momento parece que los buscadores sociales pueden llegar a convertirse en una herramienta complementaria a los buscadores basados en algoritmos. Sobre su futuro solo tengo una cosa clara, serán lo que nosotros queramos que sean.