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EL FUTURO ES MÓVIL E INTELIGENTE

26 febrero 2012 33 comentarios

Hace unos días que comScore ha publicado su informe 2012 Mobile Future in Focus. Este estudio anual analiza las tendencias principales en el uso de dispositivos móviles en España, Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá.

Aunque el documento ofrece muchas y muy buenas conclusiones, he querido compartir aquí las que me han parecido más útiles:

  • El uso de medios en los teléfonos móviles se ha disparado en buena parte por el aumento de ventas de smartphones, y también por la proliferación de redes de alta velocidad y el incremento del acceso a redes wifi públicas. Concretamente en España, casi el 50% de los usuarios de teléfonos móviles ya lo utilizan para navegar por la web, acceder a aplicaciones y para descargar contenidos.
  • Tanto en Europa como en Estados Unidos, los principales factores de decisión a la hora de adquirir un smartphone vs. un teléfono móvil son la oferta de apps y la capacidad para manejar música y vídeo. Sin duda las apps se están convirtiendo en uno de los principales ingredientes de nuestra dieta cognitiva y de ocio.
  • Me ha sorprendido conocer que en España, el 51% de los dispositivos móviles ya son smartphones, estando a la cabeza de Europa junto a Reino Unido. La mayoría de esos smartphones son adquiridos por personas de entre 25 y 34 años.
  • Con respecto a los sistemas operativos, el crecimiento de Android en España parece imparable, ya más de un 32%, principalmente por el aprovechamiento del hueco que va dejando Symbian. IOS crece hasta el 11,5% pero de forma mucho más contenida.
  • Los smartphones son el mejor aliado para introducirnos en las redes sociales. En Europa, el acceso a blogs y redes sociales desde smartphones se incrementó en 2011 un 76%. Sin duda estos dispositivos se han convertido en el mejor antídoto para el habitual “… es que no tengo tiempo…”.
  • España es el país de Europa en el que mayor penetración tienen las tabletas entre los usuarios de teléfonos móviles, concretamente más de un 10%. Las tabletas ya se han convertido en nuestra cuarta pantalla, conviviendo con la televisión, PCs y smartphones.

El informe no ofrece datos sobre el uso en las empresas de dispositivos móviles conectados (smartphones, tabletas, e-readers,…), pero sería interesante conocerlo a fondo, porque se intuye un panorama desolador. Una gran verdad que dijo Genís Roca en TEDxMoncloa, fue que a día de hoy tenemos mejor tecnología en nuestras casas que en las empresas. La mayoría de las organizaciones siguen percibiendo este tipo de dispositivos como un símbolo de estatus jerárquico, o como un elemento de distracción que pone en peligro la productividad.

Sin embargo son muchas las aplicaciones y contenidos que pueden convertir a los dispositivos móviles conectados en una herramienta para producir mejor, y en consecuencia, más. Como ejemplo basta acercarse a las posibilidades que ofrecen los contenidos y aplicaciones hipermedia en marketing, ventas, formación, comunicación…, para entender que un smartphone o una tableta sirven para mucho más que para leer el periódico los domingos y acceder a Twitter.

Merece la pena descargarse el informe completo y comprobar hasta qué punto estamos rodeados de dispositivos móviles inteligentes. Ahora solo nos falta saber estar a la altura haciendo con ellos un uso inteligente.

INTERNET, TODO O NADA

Hace algunas semanas empecé a poner una atención especial a las diferentes formas en que percibimos internet en general y las redes sociales en particular.

Además de los debates tan polarizados que en las últimas semanas se han generado alrededor de la llamada Ley Sinde, he podido encontrar puntos de vista para todos los gustos. Por citar algunos ejemplos, están los de algunos expertos sobradamente reconocidos en la materia, medios, celebrities, y más recientemente la Conferencia Episcopal. Por supuesto que mi intención aquí no es entrar a valorar sus opiniones, que para eso son suyas.

Durante toda nuestra vida hemos convivido con medios en los que las posibilidades de personalización eran y son prácticamente nulas. Medios en los que la participación casi siempre viene en forma de placebo que nos administran para atraer más audiencia. Todavía nos sigue pareciendo normal escuchar cosas como ¿qué ponen hoy en la tele?, ¿qué película estrenan este fin de semana?, ¿qué dicen hoy los periódicos? En nuestra relación con estos medios hemos aprendido a poco más que a consumir, a consumir en bloque.

Por eso cuando nos acercamos a las redes sociales nos gusta hacerlo con nuestra visión de consumidores en bloque, viéndolas como algo monolítico, como un medio más que nos va a facilitar información, música o películas, pero en este caso a través de un ordenador. Y de la misma forma que hacemos con otros medios, evidenciamos nuestro afán por monopolizar su naturaleza, como bien explicaba el bueno de Adolfo @cosechadel66 en su magnífico artículo ¿Esto es Twitter?

Nos cuesta entender que las redes sociales no tienen ninguna entidad por sí mismas. Somos cada uno de nosotros los que construimos nuestra red social, cada uno la suya y distinta a la de los demás. Cada uno de nosotros podemos elegir a las personas con las que queremos interactuar, de igual forma que podemos seleccionar en cada momento los contenidos que nos interesan. Pero lo realmente revolucionario es que podemos hacer algo más que consumir, también podemos producir contenidos que quizás resulten interesantes para otros.

Decía Saint-Exupery que una persona vale según el número y la calidad de sus vínculos. Nuestra red social valdrá según el número y la calidad de nuestros vínculos. Será ruido en la medida que nos guste el ruido, será una estupidez si solo seguimos a estúpidos y será un derroche de narcisismo si estamos enamorados de nosotros mismos. En definitiva serán lo que cada uno de nosotros hagamos de ellas.

Así que la próxima vez que tratemos de valorar internet y las redes sociales, recomiendo hacerlo con un espejo en la mano, nos ayudará a entender que no son todo o nada, y de paso nos hará ver que reducir nuestra visión a una única dimensión implica entre otras cosas, tener unas posibilidades de felicidad muy escasas.

Imagen Self-Portrait de Paul Stevenson en licencia Creative Commons.